Educando para la Salud

Educando para la Salud

Durante la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD) efectuada en los años 90 en El Cairo y la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing, la comunidad mundial resolvió “proteger y promover el derecho de los adolescentes a recibir atención en salud sexual y reproductiva y facilitar su acceso a una información completa y adecuada“. En ambas plataformas de acción se elaboró una sección especial sobre el derecho de los adolescentes a instruirse en temas de salud sexual y reproductiva. Estos esfuerzos pueden verse truncados en muchos países ante la ambivalencia del sistema educativo en referencia a la enseñanza de la educación sexual en la educación formal y a la negativa de algunos padres y madres que se avergüenzan de informar a sus hijos adolescentes sobre aspectos relacionados con la sexualidad y reproducción humana.

Para la enseñanza de la Salud Reproductiva pueden seleccionarse lugares donde los jóvenes acuden usualmente, como los clubes juveniles, centros comunitarios, escuelas, entre otros. Los programas de promoción y educación en salud reproductiva pueden involucrar a los mismos jóvenes, previa capacitación, para que actúen como educadores, consejeros y promotores.

Actualmente la comunidad internacional percibe como una necesidad urgente la instrucción en salud reproductiva de los jóvenes que totalizan 1.000 millones a nivel mundial, la cifra más grande conocida en la historia de la tierra. Las jóvenes hoy en día, maduran mucho más rápido, por lo que el acceso a la información y a los servicios necesarios para comprender su sexualidad y sus derechos sexuales y reproductivos se hace indispensable.

La población adolescente se localiza en un 83% de los países subdesarrollados donde enfrentan una gran variedad de riesgo que amenazan su integrar física y psicológica como los ataques sexuales, violación y prostitución, embarazo precoz, infertilidad, anemia, mutilación genital, desnutrición, práctica de abortos en condiciones insegurar, infecciones del tracto reproductivo, enfermedades de transmisión sexual y SIDA.

El desconocimiento del propio cuerpo y del ajeno contribuyen, en gran manera, a la desorientación de los jóvenes y al incremento de sus ansiedades. La sexualidad juvenil no ha de resolverse forzosamente a través del coito, ni la función del órgano masculino es tampoco la simple eyaculación. En muchos pueblos primitivos, y especialmente en el Africa negra, los púberes de ambos sexos son sometidos a operaciones sexuales para suprimir de cada órgano genital lo que creen que corresponde exclusivamente al otro: así, a los varones les es extirpado el prepucio por su condición <femenina>, y a las hembras, el clítoris, por su carácter <masculino>. En realidad, estas prácticas revelan una ausencia de valoración de la sexualidad, que es entendida, como en cualquier especie animal, en función únicamente de la reproducción, por lo que es necesario un pene lo más <limpio> posible y una vagina <pasiva>, receptora del semen reproductor. En las sociedades de capitalismo maduro se dan aún resistencias a separar la sexualidad de la fertilidad, de modo que no se educa al muchacho para que goce de todo su cuerpo, y no exclusivamente del pene en ocasión del coito; por lo mismo, a la joven no se le enseña a descubrir y manejar sus órganos para el logro de placer sin temor a quedarse embarazada. Enciclopedia Consultor de Psicología Infantil y Juevenil 1987. Editorial Océano.

En todas las especies animales, la sexualidad está exclusivamente al servicio de la procreación. Sólo la especie humana ha podido efectuar el salto cultural que supone diferenciar ambos conceptos, aunque con la grave contradicción de que, simultáneamente, en la sociedades judeo-cristianas se ha practicado una sola forma de sexualidad, la reproductora, por lo que la consecución del placer sexual se ha visto interferida por el riesgo de concebir cuando no era deseable individual o socialmente.

La sexualidad puede cumplir dos objetivos el placer y la procreación. Cuando se busca únicamente la obtención del primero, ha de tener en cuenta que, al mantener relaciones sexuales plenas, siempre se corre el riesgo de una fecundación no deseada.

El hecho de tener un hijo es una cuestión de suma importancia. Las implicaciones de tipo social, económico y psicológico que conlleva obligan a considerar todos los aspectos antes de afrontar la decisión de tenerlo. La responsabilidad que se adquiere con el recién nacido no termina, como es obvio, con el parto, sino que exige proporcionarle unas aceptables condiciones de vida en las que pueda desarrollarse: medios de subsistencia, educación, atención y cuidados afectivos.

Por ello es conveniente no dejar el acto de la fecundación en manos del azar. Hoy se admite que cada pareja debe planificar su descendencia según sus intereses y condiciones de vida.

Actualmente se producen numerosos embarazos entre adolescentes menores de 18 años.

Tales embarazos originan serios problemas de tipo psicológico a las muchachas. La mayoría de las veces, la madre rechaza a un futuro hijo no deseado. Además, la joven vive la primera etapa del embarazo ocultándolo, entre fuertes sentimientos de angustia y culpabilidad, sin saber muy bien qué hacer. La muchacha es consciente de su falta de madurez y de la carencia de medios para atender convenientemente al niño. Desearía verse libre del problema para evitar la vergüenza y los problemas familiares y sociales que debe afrontar.

Desde cualquier punto de vista, no parece deseable un embarazo durante la adolescencia. Por lo general, altera profundamente el ritmo de la vida de la joven que lo sufre.

De ello se deduce, pues, la necesidad y conveniencia de una amplia información y puesta en práctica de medidas contraceptivas si se quiere evitar mayores problemas a los jóvenes que deciden tener relaciones sexuales.

1 People & Planet. Volume 7 No.3 1998. Educating Girls.