Las Relaciones Afectivas

Las Relaciones Afectivas

EL AMOR Y SU IMPORTANCIA

El amor es un tema sumamente vasto, se presta a múltiples disquisiciones filosóficas y es difícil de agotar.

Este sentimiento inclusive ha cambiado de significado y de valor para la sociedad a través de las épocas.

En tiempo de los griegos y de los romanos, el amor era considerado como una pasión ciega, causa de muchas calamidades, que tanto hombres como dioses eran impotentes para combatir. Por lo tanto, el amor era perjudicial para la sociedad.

La unión entre dos seres para el matrimonio se hacia por conveniencias sociales, comerciales o por atracción física para satisfacer los instintos sexuales, pero no por amor. Estar enamorado era considerado como una enfermedad de la mente, una idea fija. De una persona enamorada no se podía esperar nada bueno, pues no actuaba conforme a las conveniencias sociales. Las relaciones sexuales estaban regidas únicamente por la voluptuosidad de los sentidos.

Esta concepción del amor se extendía no solamente para las relaciones entre hombre y mujer, que deberían vivir unidos en matrimonio, sino también para todas las demás relaciones humanas; por eso es que para ellos, la piedad y la compasión no existían o se consideraba como debilidades humanas y la que imperaban era la ley del ojo por ojo y diente por diente.

Por eso cuando apareció Cristo y predicó el amor, el amor al prójimo, el amor al enemigo incluso, se planteó un tremendo conflicto entre el imperio Romano y los Cristianos, los cuales inclusive fueron acusados de homosexuales. Aún si Cristo no hubiera sido Dios su enorme valor para la humanidad hubiera sido el haber consagrado el amor como un valor positivo y por lo tanto deseable y bueno, y no como un valor negativo, causa de males a la humanidad.

Sin embargo, cuando el amor se combina con el instinto sexual, es decir, con la pasión, es cuando esta unión es favorable para el matrimonio. Sin embargo, un amor así debe ser correspondido por la persona amada y sabiamente cuantificado y aplicado; porque la pasión amorosa, tan bella cuando es equilibrada entre dos seres, tiene también sus productos negativos cuando no existe ese equilibrio ideal. Los celos, los crímenes pasionales, la incapacidad de amar a otra persona cuando se ha perdido a la anterior, las penas de amor y el suicidio, son las causas negativas que pueden ser producidas por el amor; especialmente cuando el que ama en forma casi o francamente patológica piensa o tienen la ilusión de que la persona amada es irremplazable.

Este razonamiento más o menos consciente de muchas personas tiene sus raíces, según algunos autores, como Ernest Borneman, en una fijación afectiva demasiado fuerte hacia la madre, se trata de personas que aún no han roto el cordón umbilical psicológico, que los ata a su madre (viva o muerta) y que han transferido este sentimiento hacia la persona amada. Esto es así porque la única mujer realmente irremplazable es la madre. La mujer tiene su contrapartida en el complejo de adhesión al padre.

El amor comienza desde las primeras etapas de la vida, cuando principian las relaciones entre el Yo y sus puntos de placer; la primera etapa se llama narcisista, porque el ser humano encuentra sus fuentes de placer en si mismo, indiferenciado del medio que lo rodea. Más tarde aprende que en el mundo exterior se encuentran fuentes de displacer que son causa de disgusto, de odio; pero se encuentran también fuentes de placer que son amadas, y el Yo tiende a anexarse a esas fuentes de placer. Así, pues, el amor y el odio van teniendo un origen común aunque opuesto y van apareciendo más o menos al mismo tiempo. En ocasiones, especialmente en la edad adulta, los objetos o las personas pueden manifestarse con caracteres ambivalentes, como fuentes de placer y displacer, simultáneamente o alternativamente, y entonces se hace patente la ambivalencia amor-odio. Muchas veces se dice que todo el amor que se tenia por algo o por alguien se transformó en odio y la verdad es que no ha habido tal transformación, sino que al desaparecer por alguna causa (especialmente porque la persona o el objeto haya dejado de ser fuente de placer ) el amor, ha quedado solamente el odio.

Algunos autores consideran el amor como una búsqueda de si mismos y es indudable que para algunas personas, especialmente en cierta etapas de su vida o ciertas circunstancias así sea. La persona que , llena de angustia vital interroga a la otra: Tú me amas Tú me quieres en realidad no está sino preguntándole si ante sus ojos tiene más valor o más cualidades físicas, morales o intelectuales que las otras personas que la rodean. A continuación lo que más desearía esa persona sería que le dijera cuales son esas características que a sus ojos la hacen diferente de otras personas, y la hacen atrayente y amable; es decir que esta buscando conocerse a si mismo; está buscando cual es su imagen, a través de los ojos y del pensamiento de la otra persona. Y cuando el amor es correspondido, la otra persona a su vez le devuelve su imagen a través de sus pensamientos, de sus ojos; la relación amorosa queda así trenzada de tal modo que uno no se conoce a sí mismo sino a través de los ojos y de los pensamientos del ser amado y viceversa; tal y como si se dijeran: “Dime quien soy , para poder decirte quien eres”. Esta mutua compenetración encuentra su máxima identidad durante las relaciones sexuales, durante el coito. La mayoría de los autores están de acuerdo en que nada, ni una autobiografía, ni una confesión plena de nuestra propia personalidad, ante la persona amada o ante el psicoanalista, descubre más nuestra verdadera personalidad, que cuando nos descubrimos ante la persona amada durante el coito. Es allí donde el amor se expresa por el lenguaje del cuerpo y del alma y es por ello que la discreción es una necesidad en la vida amorosa de un matrimonio; es además una cosa de buen gusto. Nunca se deberá confiar a tercera persona aquello que el compañero amoroso dice o actúa durante la relación sexual, pues además de ser una traición si el secreto se revela, y el compañero lo sabe, nunca más volverá actuar con sinceridad y la fuente del amor se ira secando.

AMOR LIBRE: En la época actual esta acepción se reserva al hecho de que una pareja se une para vivir bajo el mismo techo, sin respetar ninguna de las leyes civiles o religiosas que les imponen la obligación de contraer matrimonio civil, religioso o ambos. Se supone que una pareja que vive en tales condiciones de rebeldía social ofende a la sociedad en que vive y es mal vista; muchas personas de esa sociedad evitaran su trato social y en muchas circunstancias encontraran dificultades, para obtener empleos y posición social.

AMOR PLATÓNICO: Es el amor que se pueden tener dos personas del sexo opuesto o el mismo sin que existan entre ellos relaciones sexuales.

COMUNICACIÓN ADECUADA EN PAREJA

Una buena comunicación significa saber escuchar y expresar apropiadamente nuestras verdaderas necesidades personales así como atender las de los demás ( pensamientos, sentimientos, experiencias, dificultades, temores, etc.).

COMO LOGRAR UNA BUENA COMUNICACIÓN ?

Identificando cual es el nivel de comunicación que predomina en la relación que tenemos con nuestros seres queridos: Nivel 1, 2 o 3.

Nivel 1: Es el tipo de conversación que se emplea al comentar asuntos sin importancia ni trascendencia, como hablar sobre el estado del tiempo, las noticias del día, la moda….Es la forma de conversar que se da entre las personas que se conoce pero NO necesariamente se estiman.

Nivel 2: Es el tipo de conversación que ocurre cuando comentamos nuestras ideas, vivencias experiencias e inquietudes de forma fría y calculada, solo involucrando sentimientos o emociones socialmente aceptadas como: al contar las experiencias de un paseo.

También es el dialogo que se emplea cuando distribuimos tareas y responsabilidades familiares o laborales.

Nivel 3: Es el tipo de conversación donde mostramos y expresamos nuestros más íntimos sentimientos, ideas y pensamientos. Nuestro verdadero Yo, sin ninguna máscara, es la expresión de nuestras profundas emociones, temores, anhelos, dolores, metas, proyectos, gustos, quereres y deseos.

Es el nivel que debe prevalecer en la comunicación de la pareja y la familia, pues favorece la intimidad, cercanía y pertenencia, al crear sentimientos de seguridad, protección y aceptación incondicional.

Escuchando con actitud comprensiva lo que el otro nos dice con sus palabras, gestos, tono de voz, expresiones. Significa no solo oír sino involucrarnos en lo que nos expresa: Observando, analizando, prestando atención a sus sentimientos, motivos, puntos de vista, dificultades. Es decir, cuando nos ponemos en “los zapatos del otro”.

Hablando con franqueza y sinceridad los problemas: lo que nos molesta, incomoda, asusta, deseamos.

Atendiendo con actitud receptiva y respetuosa los pensamientos y sentimientos de nuestros seres queridos así no estemos de acuerdo con lo planteado.

Evitando ponernos a la defensiva cuando discutimos. Manifestando con honestidad nuestras opiniones, sin dejar cuentas pendientes.

Discutiendo un asunto a la vez. No comencemos reclamando por un tema para continuar discutiendo por otro distinto, sin solucionar el primero.

Cuando no entendamos cuáles son los sentimientos comunicados por el otro, solicitemos aclararlos.

Dedicando tiempo exclusivo para estar con la pareja, los hijos, la familia sin atender otras ocupaciones (trabajo, oficios, lectura, televisión, etc.).

Realizando actividades en las que participemos todos (juegos, paseos, recreación, reuniones familiares, visitas a sitios de interés de familiares o amigos).

Compartiendo momentos diarios y cotidianos, aparentemente insignificantes de la vida familiar: comidas, tareas, compras, decisiones, fiestas, momentos de ocio, hobbies.

CONTROLANDO LA IRA : Emoción que fácilmente nos llena de razones absolutamente convincentes que justifican ante nosotros mismos y a veces, frente a los demás, su expresión desmedida en forma de golpes, gritos, insultos, bofetadas, empujones, pellizcos, amenazas, ruptura de objetos y demás manifestaciones agresivas.

Tiene distintos grados de intensidad que van desde el enojo simple hasta el ataque de furia desmedida donde se puede perder el control de los actos y somos capaces de provocar graves lesiones al otro, e incluso la muerte.

COMO MANEJAR ADECUADAMENTE LA IRA?

Aceptándola como otra emoción más, con la que estamos equipados como seres humanos.

No prohibamos en nosotros mismos ni en los demás sentir ira, enojo, rabia u odio, sino reconozcámosla y expresémosla de manera adecuada, sin necesidad de agredir o lastimar a los demás o a nosotros mismos.

Utilizando la energía que proporciona la ira en algo beneficioso: hacer ejercicio, organizar el desorden , en fin, cualquier actividad física que nos permita liberar la tensión producida sin tener que descargarla en las personas o cosas que nos rodean.

Aprendiendo a serenarnos por nuestros propios medios distrayendo la mente con nuevos pensamientos. Para hacerlo puede ser conveniente: aislarnos de la persona o escena que nos enoja ya sea: dando un paseo que nos tranquilice, viendo una película divertida y relajante, escuchando música tranquila , etc. Cualquier acción que nos permita cambiar de actitud, estado de ánimo y pensamiento.

Suprimiendo los pensamientos que alimentan nuestra ira.